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Sirviéndose de la gráfica publicitaria y las fantasías del consumo, el artista Daniel Mena elabora un elocuente comentario sobre el modo en que nos relacionamos con el mundo mediático. Con un impecable manejo de la técnica pictórica y de los códigos estéticos, este artista seduce el imaginario del espectador contemporáneo.
En la obra de Daniel Mena (28) el pop funciona como clave visual y de contenido. El artista elabora pictóricamente el lenguaje de la gráfica publicitaria, el cine y la moda para comentar el impacto que tienen sobre nuestras vidas las imágenes y mensajes que nos dispara la sociedad de consumo. “El gran tema de mi trabajo es el abismo que existe entre nuestra realidad cotidiana y el mundo mediático. Estamos constantemente recibiendo dictámenes que nos dicen cómo debería ser nuestra vida, qué tan bella, perfecta y brillante podría llegar a ser. Y lo que comprobamos todo el tiempo es nuestra incapacidad de ajustarnos a esos patrones. Además los productos de consumo se renuevan permanentemente y eso nos genera la ansiedad de estar siempre desfasados”, afirma.
Pero el fenómeno es llevado a su obra con un ánimo festivo. De algún modo Daniel Mena nos hace reconocer que nos encanta ser víctimas de esta manipulación. El artista no se queda fuera, sino que se involucra como pieza de los mecanismos que operan en el consumo, apropiándose seductoramente de los íconos que movilizan nuestros deseos. Pero además él mismo se incorpora a muchos de sus trabajos en la forma de autorretratos de humor irónico, en el que aparece convertido en un modelo excesivamente sonriente y relajado, una suerte de versión idealizada se sí mismo en clave pop.
Esta brecha entre las fantasías de consumo y el conflicto existencial está alimentada por su propia biografía. Su historia personal está marcada por el período de su vida que vivió en California, y la conexión que mantuvo a través de sus familiares norteamericanos y viajes de vacaciones. Pero su cotidianidad se desarrolló en Santiago y siempre experimentó la dicotomía entre ambos espacios. En su imaginario California representaba los colores fuertes, la luminosidad y la extroversión, en contraste con un Santiago en blanco y negro, opaco e introvertido. Egresado de la Escuela de Arte de la Universidad Católica, Daniel Mena logró fuerte presencia en 2006, cuando realizó una serie de exposiciones tanto en Chile como en Estados Unidos. Su muestra individual “The Neopop Dialogues” –realizada en el Museo Histórico Militar de Chile con el apoyo de la gestora Maya Castro y del artista y curador Arturo Duclos—fue muy bien recepcionada por los medios, captando así el interés de artistas jóvenes y aficionados a nivel nacional. Ese mismo año, estuvo en tres muestras en Washington DC, donde tuvo una sorprendente acogida por parte de la prensa y la crítica especializada. Por otra parte, allí logró entusiasmar a varios coleccionistas con su reinterpretación de la estética pop que, ya en los años sesenta, Warhol y Lichtenstein instalaron en el corazón de nuestra cultura occidental. |
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